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Messi nos obliga a seguir llenándolo de elogios. Clavó dos, se convirtió en el máximo goleador en Mundiales (18), lleva 5 en éste y clasificó a Argentina.

Por Gilberto Galván | FOTO: Selección de Argentina

Lunes 22 de junio de 2026

En la época de las desclasificaciones de documentos que podrían demostrar la existencia de vida en otro planeta, Lionel Messi enseñó que, tal vez, un ser de un mundo distinto ya habitaba en la Tierra desde hace tiempo.

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A sus casi 39 años —los cumplirá el 24 de junio—, el astro argentino llegó al Mundial en modo bestia, ya que en solo dos partidos ante Argelia y Austria ya se despachó con cinco goles, liderando la tabla de goleo y defendiendo el campeonato del mundo obtenido en Qatar. 

Nacido en Rosario, Argentina, el contexto se le opuso a la Pulga en los primeros años de su vida cuando el futbol se le caía de las botas, pero su cuerpo mostraba una deficiencia en la hormona del crecimiento. Se probó en varios equipos, los cuales lo quisieron fichar, pero nunca se dio. Fue como si la vida le dijera que le tenía preparada otra ruta, una llamada FC Barcelona.

Después de 21 años y 35 títulos con el club de su vida, el destino le retó a liderar una vez más a la Scaloneta, el equipo que jugó para y con él hace tres años y medio en tierras árabes, la escuadra que le ayudó a quitarse la mochila de peso que tanto tiempo cargó (incluso se retiró de la Selección un rato) y con la que, de una vez por todas, se colocó a la misma altura del otro Diez argentino.

La realidad es que las dudas asaltaron a más de uno sobre el estado de forma con el que Messi llegaría a la cita organizada en el nuevo patio de su casa, tanto en lo físico como en el ritmo competitivo al haber emigrado al Inter Miami, dos escalones o más por debajo de Europa

Tras una temporada de 20 participaciones de gol en 16 juegos, las alarmas se encendieron cuando se resintió de la zona de los isquiotibiales en el último partido de la temporada ante el Philadelphia Union, pero llegó a tiempo al amistoso final frente a Islandia, donde marcó un gol.

Como le pasa a todos los jugadores de la Albiceleste desde que Lionel Scaloni tomó el cargo, Messi se transformó en su mejor versión ante Argelia con un hat-trick que lo empató en la cima de máximos anotadores en las Copas del Mundo con Miroslav Klose, pero su nueva cita con la historia la concretó en Dallas, ante los austriacos y con un doblete de dos sabores: una definición clásica y otra más de riñones. 

Incluso, dejó un penal mal cobrado para la anécdota, ese que se hizo chico instantes después bajo el canto que bajó de la grada con fuerza: “De la mano de Leo Messi, todos la vuelta vamos a dar”.

Por lógica el tiempo le cobra factura y ya no es el jugador que se quitará a cuatro o cinco rivales en carrera; ahora reserva aún más sus esfuerzos recibiendo pelotas antiortodoxas en la última línea por parte de los centrocampistas que le acompañan como Rodrigo de Paul, Enzo Fernández y, en menor medida, Alexis Mac Allister.

También su demostración de carácter cambió, porque falló un penal por tercer Mundial consecutivo (vs. Islandia en 2018 y contra Polonia en 2022), pero esta vez no se cayó. Con su edad y en el ocaso del encuentro, le otorgó una asistencia cantada a Álvarez, controló de taco el pase posterior de Paredes, regateó a su marcador y, con el rebote a merced del rival, se tiró para marcar un disparo que pasó en medio de las piernas de Nicolas Seiwald.

La última Copa del Mundo de Lionel Messi comenzó con el crack argentino encendido, peleando palmo a palmo con hombres a los que les saca más de 10 años de ventaja. El “Messi, Messi” final que la hinchada argentina aderezó la historia escrita en el Dallas Stadium. 

Ya las miles de camisetas con su número y apellido en la espalda, los bombos con su rostro junto al de El Diego e incluso los tatuajes realizados en su honor solo forman un complemento del máximo anotador en la historia de los Mundiales y el eje total de la Argentina campeona del mundo.

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