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Después de 4 partidos, Monterrey concluyó su participación como sede de la Copa del Mundo.

Por Dali Guerrero | FOTO: Valeria Arévalo

Martes 30 de junio de 2026

Después de días recibiendo a miles de aficionados de distintos continentes, Monterrey concluyó su participación como sede mexicana de la Copa del Mundo.

Aunque el calendario contempló únicamente cuatro encuentros —tres de la Fase de Grupos y uno de 16avos. de Final—, la ciudad se convirtió en punto de encuentro para culturas, idiomas y aficiones de todo el planeta.

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La sede regia fue la casa del Grupo F, ya que los cuatro integrantes del sector —Países Bajos, Japón, Suecia y Túnez— disputaron al menos un encuentro en el Estadio Monterrey. Además, la ciudad recibió a Sudáfrica, Corea del Sur y Marruecos, selección que protagonizó el único partido de eliminación directa celebrado en territorio regiomontano.

El recorrido comenzó con el duelo entre Suecia y Túnez, que abrió oficialmente la actividad mundialista en Monterrey. Posteriormente llegaron los encuentros Japón vs. Túnez y Sudáfrica vs. Corea del Sur, antes de que la ciudad despidiera su ciclo con el enfrentamiento entre Países Bajos y Marruecos, considerado uno de los partidos más intensos disputados hasta ahora en el torneo.

Lo importante es que cada encuentro dejó una postal distinta. La afición japonesa, el colorido de los seguidores sudafricanos, la presencia de aficionados suecos y tunecinos, y finalmente la impresionante marea roja de Marruecos, que prácticamente convirtió al Estadio Monterrey en una localía africana, acompañada por la tradicional marea naranja neerlandesa en puntos de encuentro como Parque Fundidora.

Tres de los cuatro partidos registraron la misma asistencia oficial de 51,243 espectadores, siendo el primero el único en recibir a 50,987 con lleno en tres de los cuatro encuentros, para un total de 204,716 aficionados durante el ciclo mundialista de Monterrey.

Pero el legado de esta etapa va mucho más allá de las cifras. Monterrey pasó de ser una ciudad anfitriona a convertirse en un escaparate internacional. Sus calles se llenaron de camisetas de distintas selecciones, mientras que espacios como el Parque Fundidora, la Macroplaza y el Fan Fest reunieron diariamente a miles de visitantes.

Con el último silbatazo también concluyó la historia mundialista de Monterrey en esta edición del torneo. Fueron solo cuatro partidos, pero bastaron para colocar nuevamente a la ciudad bajo los ojos del mundo y demostrar su capacidad como sede internacional.

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