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Bajo el mando de Luis de la Fuente, España volvió a jugar a la posesión del balón, pero con mayor verticalidad, agresivo y de ataque más directo.

Por Emilio Arévalo | FOTO: SE Futbol

Sábado 18 de julio de 2026

España disputará su segunda Final mundialista este domingo en el Estadio Nueva York/Nueva Jersey y buscará volver a tocar el cielo con las manos después de dieciséis años de ausencia. Para conseguirlo tendrá que enfrentar a Argentina, la vigente campeona del mundo, que intentará alargar una de las épocas más dulces de su historia.

Desde que Luis de la Fuente llegó al banquillo de la Furia Roja, logró devolverle la confianza que había perdido desde Sudáfrica 2010. El estratega mantuvo la esencia de la posesión del balón, pero la potenció con mayor verticalidad, convirtiéndola en un equipo mucho más dinámico, agresivo y directo, capaz de competir de tú a tú con cualquier potencia.

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El trabajo se refleja de punta a punta en su esquema, por lo que cuenta con los argumentos suficientes para arrebatarle la Copa a la Albiceleste. Desde la portería, Unai Simón solo ha recibido un gol en 7 partidos, pero su influencia en el equipo va mucho más allá de atajar bajo los tres palos.

El arquero español también se ha desempeñado como un tercer central, saliendo a cortar aproximaciones rivales en momentos oportunos, como ocurrió en la Semifinal ante Francia. Su presencia permite que la línea defensiva juegue adelantada hasta tres cuartos de cancha y, además, representa una opción confiable para iniciar el juego desde el fondo.

La defensa española se ha destacado por su sincronización y capacidad para recuperar el balón. Los laterales se incorporan constantemente al ataque sin descuidar sus labores defensivas, mientras los centrales juegan adelantados, respaldados por una intensa presión colectiva que reduce los espacios. Esta solidez le ha permitido neutralizar a algunas de las mejores ofensivas del torneo.

Por su parte, el mediocampo se ha convertido en el motor de La Roja. Con Rodri como eje del sistema, España domina el ritmo de los partidos a través de la posesión, pero con una intención mucho más vertical que en generaciones anteriores.

Fabián Ruiz, Pedri y compañía aportan movilidad y capacidad para romper líneas, además de una intensidad que permite recuperar rápidamente el balón tras perderlo y mantener a sus rivales la mayor parte del tiempo lejos de su propia portería.

Por último, el ataque ibérico combina talento y contundencia. Lamine Yamal aporta desequilibrio y creatividad por la banda, Dani Olmo se ha convertido en una pieza clave para generar peligro entre líneas, mientras Mikel Oyarzabal ha asumido el papel de hombre gol con cinco anotaciones en el torneo.

La variedad de recursos en el plantel ha permitido que España no dependa de un solo futbolista y encuentre soluciones en diferentes zonas del campo. Esa capacidad para responder desde cualquier línea la ha convertido en un equipo completo, con los argumentos suficientes para enfrentar a la Albiceleste y luchar por su segunda Copa del Mundo.

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