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Lucila Venegas le platicó a ONCE lo que vivió durante su camino como árbitro. Del llano al mítico Maracaná, la profe vio de todo: “Esto aún no acaba".

Por Matías Giraudi | FOTO:

Sábado 26 de diciembre de 2020

Pionera. Esa es la palabra que mejor define a Lucila Venegas. En un ambiente donde el sexo femenino no abundaba, se puso los pantalones y salió al cruce en cada cancha que le tocó. Desde un rancho de tierra hasta el césped del Maracaná. La historia de una apasionada del arbitraje. “Una carrera de la que se puede vivir”, le dijo a ONCE.

Desde un partido entre albañiles, hasta una Semifinal de unos Juegos Olímpicos. La historia en el arbitraje fue una montaña rusa para la silbante de 39 años. Con mucho hilo en el carretel, pretende seguir cumpliendo sueños “hasta que las piernas no den más”.

Revista ONCE Femenil | No. 15 | ¡Qué Póker!

Internacional desde el 2008, Venegas las pasó todas. Una anécdota imperdible en los Juegos Olímpicos, hasta la corazonada de su entrenador sobre el Premio Nacional del Deporte. Su actuación en el Clásico y las ganas del VAR en la femenil. Una entrevista que va más allá de las reglas. 

 ¿Fue difícil al inicio de tu carrera?

“Para algunos, era extraño ver a una mujer. Otros ya estaban acostumbrados. Me gustaría poder enseñarles el campo donde empecé. Nada de pasto, ni un presagio. Pura tierra. Se jugaba con un balón, si se volaba, se acababa el partido, porque sólo llevaban uno. Obreros, albañiles, gente trabajadora, muy popular, pero ahí jamás me tocaron un pelo. Tuve que ir a una Liga de maestros para que un maestro, no sé por qué motivo, me tocó por detrás del hombro y cuando giré, me golpeó en la cara”.

¿Esa fue la peor experiencia?

“Fue la peor de todos estos años. Te encuentras de todo. Caminas y la gente te felicita, te dicen, que bueno que te animas. Me pasó de todo, desde que me avienten piedras en un rancho las esposas de los jugadores, hasta que una familia me aplauda al salir. Es increíble todo lo que te da el futbol”.

¿Qué tanto gana un árbitro? ¿Puede vivir de su profesión?

“Eso depende en qué categoría estás. No te puedo dar números exactos, pero si estás en Sub 20 o Liga Femenil, se gana igual. La Liga MX es la aspiración de todos. Se puede vivir de esto, incluso estando en Liga Expansión. Es una carrera atractiva, de la cual se puede vivir. Si es que llegas a tiempo a la categoría que planeas llegar. Cualquiera planea estar en Primera División”.

¿Es la carrera que imaginabas?

“Volteo hacia atrás y me acuerdo cuando caminaba en ese campo de tierra, se levantaba la cal con la que pintaban el campo. Sentías la tierra en la boca, entre los dientes y no me imaginaba jamás estar donde estoy ahora. La carrera la sigo construyendo todos los días, no creo que llegué ni que sea la mejor. Cada día aporto un poco más, pero esto no se acaba, es de cada día, un esfuerzo diario y constante”.

UN COMIENZO HUMILDE

Empezó desde abajo. Muy abajo. Como todos aquellos que están destinados a triunfar. Amante del futbol, pero siempre ubicada del lado del que respetaba las reglas, no del que las hacía cumplir. Lucila Venegas y un comienzo para nada feliz en el arbitraje.

Mundiales Femeninos juveniles y de mayores. Testigo en primera persona de la eliminación de Brasil de Marta, en el mismísimo Estadio Maracaná. El futbol la puso en los lugares que debía estar, en su debido momento.

 

Hay una anécdota sobre qué pasó en tu primera vez arbitrando. ¿La puedes contar?

“Septiembre de 1999. Era árbitra porque me había puesto un uniforme. Fui a un lugar y había sido empujada por mi amiga. Sabía arbitrar, tenía el libro, pero no sabía qué tan difícil era arbitrar. Me leí las reglas, pero no sabía que lo más difícil no era leerlas sino interpretarlas. Tenían seis años los niños, pero cada uno tenía un papá y no contaba con eso”.

“Anulé un gol que sí era, otro que ni era gol lo di. Me fue muy mal, los papás estaban enfurecidos. El equipo local perdió, llegó el entrenador en su moto y me dijo que me subiera porque no me iban a dejar salir, estaban enojadisimos. Me subí y nos fuimos. Así fue mi primer paso en el arbitraje”.

Cuando estás dirigiendo un Mundial Femenil, ¿te detienes a ver dónde estás parada?

“Tengo otra anécdota. Estábamos en la Semifinal de Juegos Olímpicos, Brasil contra Suecia. Un partido donde pasó todo. Uno prende la tele, ve los Juegos y jamás imaginas que los árbitros pasaron por esa penuria para llegar al campo. Llegamos tarde porque no teníamos escolta, íbamos como cualquier aficionado tratando de entrar al Maracaná en la camioneta de los Juegos. No nos dejaban entrar, le dimos dos vueltas al estadio, entramos”.

¿Muy cerca del horario?

“Cuarenta minutos antes del partido, cuando la llegada debe ser hora y media antes. Los equipos estaban esperándonos para revisarlos. Mandé a la cuarto árbitro volando a que hiciera la revisión, recuerdo que salimos y dije que cada quien vaya a su zona y revise el campo. Salimos y el Maracaná estaba pintado de amarillo. Les dije a mis asistentes que voltearan y les pregunté si alguna vez habían imaginado, cuando empezaron a arbitrar, que iban a estar en el Maracaná. Nomás se escuchó un suspiro, no me contestaron. Les dije que valoren y agradezcan”.

 

No quedé conforme, nunca quedo conforme en mis partidos, siempre hay alguna cosita para mejorar. 

      

Lucila Venegas, sobre su actuación en el Clásico Regio Femenil

UN RECUERDO AMARGO

Quedó en el olvido, para su suerte. Pero fue la encargada del Clásico Regio Femenil por Fase Regular. Todos alguna vez tuvieron una mala tarde. Venegas eligió ese día para cometer errores que fueron determinantes en el resultado. “No quedé conforme”. Ojo, con el VAR, otra hubiera sido la historia…

¿Cómo te sentiste cuando viste el resumen del Clásico?

“Me gustaría ahondar más en ese tema, no lo puedo hacer porque son dos equipos que participan en la Liga que arbitro. Lo que puedo decir, es que salí a dar mi mayor esfuerzo. No me siento decepcionada en esa parte. Lo segundo, es que el error es el compañero más fiel que tenemos los árbitros. Si bien esta posición te puede llevar al infierno, nunca al cielo. Cuando te va bien, no se habla del árbitro. No quedé conforme, nunca quedo conforme en mis partidos, siempre hay alguna cosita para mejorar. Como los equipos, ajustan, rehacen y plantean para el fin de semana”.

¿Cómo te llevas con las críticas?

“El mejor crítico es uno mismo. Cuando te paras frente a un espejo y no tienes el valor de verte, es porque algo pasó, algo se rompió. Reconozco mis errores, soy dura conmigo. Las críticas hay que tomarlas de quien viene, no es fácil estar en una carrera donde tomas decisiones por acciones de otros. Eso siempre va a ser criticado. Una parte pensará que es injusto y la otra pensará que estará bien, o los dos pensarán que está mal. La crítica debe existir”.

¿Existe eso de compensar?

“Eso, la verdad, se hacía como método de supervivencia cuando ibas solo al llano. Ahí se hacía para sobrevivir. Iba a perder el local y sabías que no ibas a salir. Incluso, había gente con armas en la entrada. Te hablo del llano. A nivel profesional, es muy comprometido hacer eso. Un error no puede llevarte a cometer otro error. Sales, das lo mejor, si te equivocas, con el VAR te das cuenta ahí. Sin el VAR te das cuenta en casa”.

¿Les vendría bien el VAR en el femenil?

“El VAR vino a revolucionar todo. A quién no le viene bien una ayudita... Es una segunda chance, regresar en el tiempo. Te pongo un ejemplo, en el Mundial salimos con VAR y no tuve ni una sola intervención. Salí a tomar mis decisiones. Si me equivoco, sabía que iba o si te llamaban. Afortunadamente no tuve ni uno en ese Mundial. Si te equivocas, debes ir a la pantalla y volver a ver lo que sentías que habías visto en la cancha”.

 

PREMIO AL ESFUERZO

Trayectoria, insistencia, estar siempre en la punta del iceberg. Fueron algunas de las tantas causas por las cuales Lucila Venegas recibió el Premio Nacional del Deporte. En una votación récord, por la cantidad de nominaciones, la Tapatía cumplió un sueño.

Su reacción ante la llamada de aviso, su entrenador y una advertencia increíble, las ganas de unos nuevos Juegos Olímpicos y un retiro que parece muy lejano.

 

¿Te esperabas el Premio Nacional del Deporte?

“Si bien alguien te nomina y tienes que firmar una carta, se van esos documentos y no sabes su fin. Es una llamada que no tienes todos los días. Cuando recibí esa llamada de Ana Gabriela Guevara estaba pasmada, me quedé congelada. No sabía si era verdad o me lo estaba imaginando. Colgué la llamada y volví a ver, y sí, la había recibido. No me lo creía”.

¿Fue especial?

“El premio había roto el récord de nominaciones. Mi entrenador, que también fue Premio Nacional del Deporte en 2018, me decía que lo iba a ganar, que tenía una corazonada. Cuando colgué con Guevara, recuerdo que le hablé a él y le conté con quien había hablado. Casi se le quiebra la voz, me dijo que le dio felicidad, iba a vivir lo que él vivió”.

¿Qué te queda pendiente en tu carrera?

“Gracias a Dios, cumplí todos mis sueños. Mi sueño era ir a un Mundial, después ir a unos Juegos. Y lo cumplí. Eso era lo que quería. Hoy, el sueño de ir a unos segundos Juegos Olímpicos quedó en stand by. La Eliminatoria la tuvimos, pero no hay lista, necesitamos las listas. Eso y me gustaría poder ir a otro Mundial en 2023”.

¿Hasta cuándo se puede seguir en esta profesión de árbitro?

“Depende como te sientas. Anteriormente, el límite era de 45 años y lo retiraron, porque había árbitros que seguían pasando la prueba. Ahora es individual. Es difícil combinar una vida normal con esta carrera. Me gustaría otros proyectos. Tengo pensado hasta 2023 replantear qué pasa. No tengo plan de retiro todavía. Quiero correr hasta que las piernas no me den más”.

Fotografía: Mexsport

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