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Mónica Ocampo abrió camino cuando no había una estructura para el futbol femenil en México. Cerró su ciclo despidiéndose en una competición en ascenso.

Por Betsy Hernández | FOTO: Redes sociales

Lunes 12 de enero de 2026

El futbol femenil mexicano despidió a una de sus figuras más emblemáticas. Mónica Ocampo Medina dijo adiós a las canchas, pero no al futbol, cerrando una carrera que no se mide solo en títulos, goles o partidos disputados, sino en el camino que abrió para generaciones enteras en un contexto donde jugar futbol siendo mujer implicaba remar contracorriente.

Cuando Ocampo inició su trayectoria, el futbol femenil en México carecía de estructura, visibilidad y respaldo institucional. No había ligas profesionales ni reflectores constantes; había, en cambio, convicción, resistencia y un amor profundo por la cancha. 

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En ese escenario adverso, se abrió paso, primero en el extranjero y, después, como una de las grandes referentes del Tri, demostrando que el talento mexicano tenía voz y lugar en el futbol internacional.

Antes de la creación de la Liga MX Femenil, Ocampo construyó una carrera sólida en Estados Unidos, militando en la Women’s Professional Soccer con Atlanta Beat y Sky Blue New Jersey

A la par, se consolidó como Seleccionada Mexicana, participando en el Mundial Sub 20 de Rusia 2006 y en la Copa del Mundo Alemania 2011, donde firmó uno de los momentos más icónicos del Tri con su gol ante Inglaterra, elegido años después por la afición como el Mejor Gol en la historia de los Mundiales Femeninos de la FIFA. A ello se suman las medallas de oro en los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014 y Barranquilla 2018, reflejo de su constancia y liderazgo.

Con la llegada de la Liga MX Femenil en 2017, Mónica Ocampo encontró en Pachuca el proyecto ideal para cerrar el círculo. Desde el nacimiento de las Tuzas, se convirtió en pilar, líder y capitana. Fue la primera jugadora en levantar un título oficial del futbol femenil profesional en México al conquistar la Copa MX 2017, un logro que marcó un antes y un después para la disciplina. 

A lo largo de casi nueve años en la Bella Airosa, Ocampo construyó un legado tangible: tres títulos oficiales —Copa MX 2017, Clausura 2025 y Campeón de Campeonas 2024-2025—, además de tres subcampeonatos.

Los números respaldan su impacto, pero no lo definen por completo. Con 66 goles y 213 partidos oficiales, se marcha como la tercera mejor goleadora histórica del club y una de las futbolistas más representativas de la institución.

Más allá de las estadísticas, su legado está en la identidad de las Tuzas, en la cultura de liderazgo y en el sentido de pertenencia que ayudó a forjar desde el vestidor.

Su despedida fue tan simbólica como su carrera. En la Jornada 2 del Clausura 2026, Ocampo arrancó como titular y capitana ante Querétaro en el Estadio Hidalgo. Participó en la jugada del primer gol y, al minuto 11', dejó el terreno de juego entre aplausos, un pasillo de honor formado por compañeras y rivales, y la ovación de la afición que la vio crecer durante casi una década. Fue un adiós cargado de emoción, respeto y gratitud.

No fue el primer homenaje ni será el último en la memoria colectiva. Desde la develación de un palco con su nombre en 2019, pasando por reconocimientos por sus 100 y 150 partidos con Pachuca, hasta los tributos por su trayectoria con la Selección Mexicana, Mónica Ocampo ha sido reconocida como lo que es: una pionera.

Hoy, su historia entra en una nueva etapa como parte del cuerpo técnico del Pachuca Femenil. Su retiro no significa ausencia, sino transformación. Ocampo deja las canchas, pero su legado permanece intacto: el de una futbolista que jugó cuando era difícil, que resistió cuando no había garantías y que triunfó cuando el futbol femenil mexicano comenzó a florecer. 

Gracias a figuras como ella, hoy el camino es más amplio, visible y justo para quienes vienen detrás.

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