Con identidad rayada
Walter Erviti fue uno de los emblemas de Rayados en el inicio del siglo; ahora volvió para unirse al improvisado cuerpo técnico que tomó el mando.
Por Gilberto Galván | FOTO: Redes sociales
Con identidad rayada
Walter Erviti fue uno de los emblemas de Rayados en el inicio del siglo; ahora volvió para unirse al improvisado cuerpo técnico que tomó el mando.
Por Gilberto Galván | FOTO: Redes sociales
Miércoles 04 de marzo de 2026
La urgencia llamó a su puerta, proveniente del club que amó en el pasado y todavía ama en el presente. Con este sentimiento, Walter Erviti regresó a Rayados para convertirse en uno de los auxiliares técnicos de Nicolás Sánchez.
La crisis de resultados se agudizó en un momento crítico del Clausura 2026 y la Champions Cup para los albiazules, por lo que con juegos importantes por delante decidieron cortar a Doménec Torrent y recurrir a la gente de casa.
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El Petiso volvió a la entidad que hace casi siete años le rindió un homenaje junto con otros grandes nombres de la historia institucional, y lo disfrutó por más de 200 partidos en los que gritó sus 18 goles.
Es un futbolista de barrio, de esos que escasean en estos momentos. Nació en Mar del Plata el 12 de junio de 1980, donde estuvo ligado a la pelota desde temprana edad. De ahí se transportó a múltiples clubes buscando una oportunidad; pasó por “25 o 26 clubes” hasta que el debut le llegó con San Lorenzo de Almagro, según rememoró hace no mucho en un podcast.
Su regate, capacidad llegadora por la banda izquierda, golpeo de media distancia y desgaste físico le posicionaron como uno de los favoritos de la afición albiazul. La casaca de “100% rayado” fue lo que lo catapultó, rechazando cualquier posibilidad de asistir a la Copa Libertadores como refuerzo del acérrimo rival en el 2005. Cosas de la vida, su primer juego como auxiliar de Sánchez llegará en el Clásico 142 este sábado 07 de marzo.
Además de Rayados y San Lorenzo, como futbolista pisó Banfield, Boca Juniors, Atlante, Independiente y Alvarado, en su ciudad natal. De ser disruptivo pasó a ser más cerebral en el ocaso de su carrera: su mente comenzó a pensar más allá del papel individual y eso le dio para ser DT.
Con experiencias previas dirigiendo a Atlanta, Audax Italiano y Belgrano, una llamada bastó para volver a la institución con la que se identifica y acompañar a un cuerpo técnico que buscará salvar la situación en este principio de año.

