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La fiesta mundialista ya se siente en la ciudad; bolivianos e iraquíes crean una atmósfera única.

Por Dali Guerrero | FOTO: Gilberto Galván

Martes 31 de marzo de 2026

Las calles de Nuevo León se transformaron en un crisol de culturas donde los alrededores del Estadio Monterrey vibran con el colorido de dos naciones que ansían terminar con décadas de ausencia mundialista.

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Por un lado, la marea de La Verde se hace presente con cientos de aficionados que han viajado desde Bolivia portando banderas como capas y confiando en que su joven generación, liderada por figuras como Ramiro Vaca y Miguel Terceros, logre emular la gloria de 1994. El ambiente es de una esperanza tangible, una movilización masiva que buscará en l juego el antídoto perfecto para las dificultades de la vida diaria.

En contraste, la presencia iraquí aporta una mística especial a la capital regia, con miles de seguidores de los Leones de Mesopotamia que ven en este duelo el punto más cercano al Mundial en 40 años. Para ellos, el fútbol trasciende el juego; es el vehículo de una felicidad postergada para 46 millones de personas.

Entre cánticos y banderas, ambas aficiones han agotado las entradas para ser testigos de quién se quedará con el último boleto de la Copa del Mundo 2026, en una noche donde el miedo a perder se funde con la euforia de volver a la tan ansiada fiesta mundialista.

El color del Irak vs. Bolivia en Monterrey

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