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Argentina vs. Inglaterra, otra vez en un Mundial, con el recuerdo de las Malvinas y el mítico juego en el Azteca, donde Maradona pasó a ser inmortal.

Por Paulina Gutiérrez | FOTO: FIFA

Domingo 12 de julio de 2026

ATLANTA, EUA (Enviada).-  Hay partidos que duran 90 minutos. Y hay otros que llevan décadas jugándose. Argentina e Inglaterra volverán a encontrarse este miércoles en Atlanta por las Semifinales del Mundial 2026, y aunque Lionel Scaloni intentó bajar la temperatura al asegurar que "es solo un partido de futbol", la historia se encarga de recordar que este cruce nunca fue uno más.

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Es una rivalidad más que particular y tiene de todo, con un partido que se transformó en mito nada menos que en el Azteca, donde Diego Maradona pasó de ser el 10 a una leyenda. Ahora, Lionel Messi, el otro gran 10 argentino, va por más gloria. Y enfrente, Jude Bellingham, el 10 inglés que llega encendido. Tan imperdible como impredecible. Tan pasional como determinante: el ganador irá directo a la Final por la Copa del Mundo.

EL PARTIDO DEL MITO

Para entender la dimensión de este enfrentamiento hay que viajar cuarenta años atrás y aterrizar en un escenario sagrado para el fútbol mundial: el Estadio Azteca, que para el Mundial actual cambió el nombre a Estadio Ciudad de México.

Allí, en los Cuartos de Final de 1986, ocurrió uno de los partidos más recordados de todos los tiempos. Apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas (1982), donde los británicos invadieron un archipiélago del océano Atlántico Sur, Argentina e Inglaterra llegaron al campo cargando una mochila imposible de ignorar. Y entonces apareció Maradona. Gran parte de su leyenda se debe a ese día.

Primero fue la Mano de Dios, quizá el gol más discutido de la historia. Apenas unos minutos después llegó el otro, el que convirtió el debate en mito: una corrida de más de 50 metros, cinco ingleses en el camino y una definición inmortal. El llamado Gol del Siglo. Aquella tarde en el Azteca trascendió el fútbol. Para millones de argentinos fue una victoria deportiva atravesada por el contexto histórico reciente. Maradona lo entendió mejor que nadie: lo dijo muchas veces después y lo llevó consigo hasta el final de su vida.

Desde entonces, las Malvinas quedaron siempre asociadas a este enfrentamiento. Aparece en las canciones, en las banderas de las tribunas, en los murales y en la memoria colectiva. No define el partido, pero tampoco desaparece. Forma parte de una carga histórica que convierte cada Argentina-Inglaterra en algo diferente.

Incluso el hit de la Scaloneta y su afición para este Mundial dice "por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo, Argentina quiero verte Bicampeón...". Y ni hablar del famoso "el que no salta es un inglés", que volvió a resonar con fuerza renovada tras el triunfo contra Suiza.

Del otro lado, el británico, quizás más frío para este tipo cruces, no se va tanto como un clásico, pero sí un juego que todavía les duele de alguna manera. Aún recuerdan el primer gol del 86’ con amargura cada que algún jugador sudamericano hace una picardía en el futbol de las islas. Siempre hay alguna voz que dice: "Fue como la del Diego…".

YA VENÍA DE ANTES

Ojo, la rivalidad no nació en México. Veinte años antes, en el Mundial de 1966 disputado precisamente en Inglaterra, ya había ocurrido uno de los episodios más polémicos entre ambas selecciones.

Antonio Rattín, mediocampista argentino, fue expulsado ante los ingleses en Wembley en una decisión que nunca entendió. Antes de abandonar el campo se sentó sobre la alfombra roja reservada para las autoridades -para la reina, para ser más precisos- y luego apretó una pequeña bandera británica ubicada en el saque de esquina del mismo terreno de juego. El gesto quedó inmortalizado como una de las primeras grandes escenas del conflicto futbolístico entre ambos países.

Después llegaron los nuevos capítulos mundialistas. En Francia 1998 se cruzaron en Octavos de Final en un partido espectacular que terminó 2-2 y se decidió por penales: pasó Argentina. Añadió más leña a la rivalidad la expulsión de David Beckham por una agresión al Cholo Simeone, misma que también estuvo cargada de polémica.

Inglaterra tuvo su revancha parcial al vencer a Argentina en la Fase de Grupos de Corea-Japón 2002, gracias a un penal convertido por Beckham, quien tuvo su revancha personal y colaboró para una temprana eliminación albiceleste.

Fueron encuentros distintos entre sí, pero todos tuvieron la misma atmósfera: tensión, expectativa y una sensación compartida de que siempre había algo más importante en juego. Por todo eso, también es un encuentro de alto riesgo de conflicto. Acaso ya aparecen algunas broncas y peleas entre aficionados en Miami u otras sedes.

EL BOLETO A LA FINAL

Ahora llega Atlanta. Ya no están Maradona, Beckham, Owen ni Batistuta. Pero el peso de la historia sigue viajando con ambos equipos. Y el Mundial 2026 les ofrece un nuevo escenario para alimentar la leyenda.

La Argentina campeona del mundo está una vez más entre los cuatro mejores del torneo y se enfrentará a una Inglaterra que sueña con terminar de una vez por todas con décadas de frustraciones mundialistas. Los dos equipos tienen armas ofensivas de sobra. También han mostrado fisuras defensivas y momentos de irregularidad durante el campeonato. Ninguno parece invencible. Y, aunque suene contradictorio, ambos parecen peligrosos.

Y en el centro de la escena aparecen dos figuras que simbolizan épocas distintas. De un lado, Lionel Messi, todavía decisivo a los 39 años y persiguiendo otro capítulo inolvidable con la camiseta argentina. Del otro, Jude Bellingham, líder de la nueva generación inglesa y dueño de un torneo extraordinario. Dos números 10, dos formas diferentes de interpretar el juego, dos futbolistas capaces de cambiar un partido con una sola acción. Como alguna vez lo hizo Maradona.

México fue el escenario donde esta rivalidad alcanzó una dimensión mítica. Cuarenta años después, Atlanta será testigo de un nuevo episodio. El contexto cambió. Las generaciones cambiaron. El fútbol cambió. Pero Argentina e Inglaterra siguen produciendo la misma sensación: cuando se enfrentan en un Mundial, la historia siempre entra al campo junto con los jugadores. Y resulta imposible ignorarla.

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