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Rayados firmó una tregua con su afición hasta el próximo torneo, consciente de que hay muchas cosas por cambiar. “Tato ya se va”, fue el mensaje del BBVA.

Por Daniel Rangel | FOTO: Mexsport

Miércoles 22 de abril de 2026

El Estadio BBVA fue el escenario de una catarsis colectiva. En una noche que comenzó con el gélido aroma de la indiferencia y el reclamo, Rayados transformó la hostilidad en una calma temporal

Tras los malos resultados que dejaron fuera de la Liguilla a los dirigidos por Nicolás Sánchez, la relación entre el equipo y su gente se puso a prueba con un guión cargado de molestia y orgullo herido.

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Desde que las pantallas gigantes proyectaron los nombres de la alineación titular, el veredicto fue unánime: un estruendoso abucheo en las tribunas marcó la pauta de una noche que se anticipaba tortuosa.

La tensión escaló rápidamente cuando Puebla, aprovechando el desconcierto local, golpeó primero a los pocos minutos de iniciado el encuentro. La respuesta de la tribuna no se hizo esperar; el descontento se transformó en una sinfonía de reproches que inundó cada rincón del estadio.

La Adicción reflejó en palabras el sentir de la grada. Los cánticos de "Pongan huevos, Rayados pongan huevos" retumbaron con fuerza, mientras una mensaje con la tajante leyenda "Que se vayan todos" sentenció el clima de ruptura absoluta.

El punto de inflexión llegó de los botines de Lucas Ocampos. El argentino firmó el empate y logró lo que parecía imposible: que las palmas sustituyeran a los silbidos. Poco después, Óliver Torres concretó la remontada antes del descanso, dándole la ventaja 2-1 a Rayados. Ese gol no solo cambió el marcador, sino que reconcilió momentáneamente las almas presentes en el estadio.

Para el complemento, la atmósfera se volvió incluso un poco positiva. La afición, ya entregada al trámite del juego, reconoció el esfuerzo y respaldó la entrega de sus jugadores en la cancha, aunque fuera ante un rival de menor jerarquía.

Cerca de concluir el encuentro, la afición volvió a manifestar su inconformidad respecto a las malas decisiones de los directivos. La consigna fue clara en la tonada: “Ya se va, ya se va, Tato ya se va”.

Al final, lo que empezó como un juicio negativo terminó en una tregua firmada con sudor. Rayados se marchó al vestidor con la victoria, pero consciente de que el perdón definitivo de su gente no se compra con un solo triunfo, sino con la promesa de no volver a repetir las sombras de este torneo.

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