NADA ESTÁ ESCRITO
Lunes 22 de junio de 2026
Este Mundial está demostrando que los nombres y la jerarquía ya no garantizan por completo los resultados.
Durante décadas, las Copas del Mundo han estado marcadas por una narrativa casi inamovible. Antes de que ruede el balón ya sabemos quiénes son los favoritos, cuáles son las potencias y qué selecciones parecen destinadas a ocupar los titulares. Los nombres cambian poco y las conversaciones suelen girar alrededor de los mismos protagonistas.
Pero la edición de 2026 está contando una historia diferente.
La expansión del certamen, que reúne a más selecciones que nunca antes, despertó dudas desde el primer día. Había quienes pensaban que el nivel competitivo se diluiría y que los partidos serían más previsibles. La realidad está siendo exactamente la contraria.
Ahí está Cabo Verde, que disputa su primer Mundial y es capaz de empatar con España y también con la Uruguay de Marcelo Bielsa. Un equipo que llegó sin demasiados reflectores y que terminó robándose la atención por su valentía y capacidad para competir de igual a igual.
También está la República Democrática del Congo, que logró sacarle puntos a la Portugal de Cristiano Ronaldo. Un resultado que hace algunos años habría parecido improbable y que actualmente encaja perfectamente en la lógica de este torneo: cualquiera puede competir.
Lo más interesante no son únicamente los resultados. Por primera vez en mucho tiempo, los nombres pesan menos que el rendimiento dentro de la cancha. Las diferencias siguen existiendo, pero parecen cada vez más pequeñas.
Las potencias continúan siendo favoritas. Sin embargo, hoy en día las selecciones consideradas menores ya no saltan al campo resignadas a participar. Saltan convencidas de que pueden incomodar y sorprender.
Quizá ahí radica uno de los principales atractivos de esta Copa del Mundo: la incertidumbre.
Porque cuando equipos que no figuraban entre los candidatos comienzan a sumar puntos ante selecciones históricas, el torneo se vuelve más abierto y más interesante. Todavía falta mucho camino por recorrer, pero este Mundial ya está dejando la sensación de que los pronósticos importan menos cuando la pelota empieza a rodar.
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