Dali Guerrero

TERRITORIO INCIERTO

Domingo 22 de febrero de 2026

Hablar de lapsos difíciles es parte natural de cualquier equipo de futbol. Llegan por transiciones, por ajustes tácticos que no terminan de consolidarse o por procesos que obligan a reconstruirse.

Actualmente Tigres atraviesa uno de esos momentos. El equipo ya no resuelve con la misma autoridad del torneo pasado y termina pagando caro detalles que antes lograba corregir sobre la marcha.

Para un plantel que hace menos de tres meses disputó una Final de Liga, el contraste es evidente. La exigencia aumenta, la comparación es constante y la paciencia se reduce cuando el funcionamiento no acompaña los resultados.

Si en la temporada anterior una de las grandes fortalezas era jugar en casa, arropado por una afición que exige pero no abandona, ahora ese factor parece convertirse en una debilidad. Históricamente, el Estadio Universitario es un escenario que pesa para cualquier rival; ahora, en cambio, pareciera pesarle más al propio equipo que actúa como local.

En el papel, jugar como local debería representar un impulso anímico, un respaldo que fortalezca al plantel en momentos complejos. Sin embargo, la regularidad en el Uni está lejos de consolidarse: apenas una victoria en lo que va del torneo evidencia  que el equipo no logra hacerse fuerte ante su gente.

Parte de esta inestabilidad pasa por el momento que atraviesa la zona defensiva. Durante años fue una fortaleza, con solidez y orden; recientemente, en cambio, los errores puntuales han marcado diferencia y terminan por inclinar los partidos en contra. Son fallas pequeñas en apariencia, pero determinantes en una liga que castiga cualquier descuido.

Esa identidad de resolver encuentros desde el ADN competitivo, de no negociar intensidad ni carácter, parece diluirse en una competencia que no da tregua ni margen para relajarse. Tigres enfrenta una mala racha y el reto de reencontrarse con su esencia antes de que los detalles sigan pesando más que sus virtudes.

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