Valeria Arévalo

MÉXICO, INCOMPARABLE

Jueves 18 de junio de 2026

No es un cliché aquella frase que dice que "el futbol une al mundo". En un planeta cada vez más golpeado, dividido por conflictos de toda índole, el Mundial 2026 funge como un trance de unión, reivindicación y armonía. Pasajero, pero igual de efectivo cada cuatro años.

Hay cosas, sensaciones y emociones que ni todo el dinero del mundo compra. La pasión por el deporte del balón y los 11 hombres, es una de ellas: saca lo mejor de cada persona dispuesta a divertirse, y en caso de los mexicanos esta vez, de mostrar la cultura para cobijar no solo a los extranjeros, sino también a los compatriotas.

Hablamos además de una afición que se refuerza generación tras generación. La justa de 2026 fue la oportunidad perfecta para demostrar lo buen anfitrión —el mejor de los tres designados— que es México cuando se lo propone. En Guadalajara arropó a los coreanos; en Monterrey, a los suecos; y en la Ciudad de México, a los colombianos.

Cada nación que ha pisado territorio nacional da las gracias por la hospitalidad; Uzbekistán e Irán, dos pruebas irrefutables. Porque la pasión de los connacionales por el futbol va más allá de la propia Selección —por supuesto, es la prioridad—, capaz de apoyar los logros ajenos e integrar a las minorías.

Puedo dar fe de la emoción colectiva que genera la fiebre mundialista con la cálida Catedral de Guadalajara y el Fan Fest viendo la orgullosa marea tricolor desfilar sin tregua, preparándose para armar una fiesta horas  antes de que los suyos salten a la cancha para enfrentar a Corea del Sur.

X: @ValeriaArevaloA

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Valeria Arévalo