Dali Guerrero

LA OTRA CARA

Lunes 08 de junio de 2026

La Copa del Mundo 2026 está cada vez más cerca y México se prepara para recibir nuevamente el torneo más importante del futbol, con Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México como sedes.

Desde hace meses, autoridades y empresarios destacan los beneficios que traerá el torneo, como una importante derrama económica, la proyección internacional y, sobre todo, la oportunidad de mostrar una imagen moderna de las ciudades que albergarán partidos. Sin duda, son ventajas reales y difíciles de ignorar.

Sin embargo, conforme se acerca el arranque de este evento, surge una pregunta que vale la pena plantear: ¿para quién se está organizando realmente este Mundial?

Gran parte de los esfuerzos parecen estar enfocados en garantizar la mejor experiencia posible para quienes visitarán el país durante unas semanas. Se habla mucho de rutas turísticas, de zonas para aficionados y de cómo atraer visitantes. Pero al mismo tiempo, muchos ciudadanos siguen enfrentando problemas cotidianos que aún no se resuelven por completo.

En Monterrey, la movilidad permanece entre los principales problemas. Aunque existen proyectos de infraestructura y transporte, algunos avanzan más lento de lo prometido durante la etapa inicial de preparación rumbo al Mundial. La expectativa de que el torneo sirviera como detonante para transformar diversos aspectos de la ciudad, ahora se enfrenta a la realidad de los tiempos y las obras que difícilmente estarán terminadas como originalmente se anunció.

Por supuesto, nadie discute la importancia de recibir un evento de esta magnitud. Este certamen representa una oportunidad extraordinaria para México y para las ciudades sede. El problema aparece cuando el éxito del torneo comienza a medirse únicamente en cifras de visitantes o impacto económico.

Un Mundial exitoso no debería ser solamente aquel que impresiona a quienes vienen de fuera. También debería ser aquel que deja beneficios tangibles para quienes viven en las ciudades anfitrionas los siguientes meses del año, cuando ya no haya aficionados extranjeros en las calles ni cámaras internacionales apuntando hacia ellas.

Todavía hay tiempo para que el Mundial deje un legado positivo, pero para lograrlo, las autoridades deben recordar que el principal público de esta Copa del Mundo no son únicamente los turistas que llegarán durante unas semanas, sino también los millones de mexicanos que permanecerán aquí cuando el silbatazo final marque el final de esta fiesta.

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Dali Guerrero