Daniel Rangel

CLÁSICO SIN SABOR

Domingo 13 de septiembre de 2026

El Clásico Regio siempre se presume como uno de los partidos más pasionales de la Liga MX, gracias a sus aficiones incondicionales. Sin embargo, la edición 143 dejó un mal sabor de boca y muchos lo catalogaron como un juego que no se sintió como un Clásico.

Como ya es tradición, las dos aficiones armaron la fiesta en las calles con caravanas y cánticos rumbo al Estadio BBVA. El ingrediente especial de este duelo fue el regreso de Víctor Manuel Vucetich al banquillo rival. El Rey Midas es el técnico más ganador en la historia de Rayados: con un tricampeonato de Concacaf, dos Ligas MX y un torneo Interliga.

A pesar de su exitoso pasado albiazul, la afición local vio su llegada a Tigres como una traición y llenó las calles con billetes falsos con su cara, tachándolo de mercenario. A muchos se les olvida que fue la propia institución la que lo sacó por la puerta de atrás en su segunda etapa, pero el reencuentro calentó los ánimos desde antes del silbatazo inicial.

Ya en la cancha, quedó claro que se enfrentaron dos equipos que atraviesan por un mal momento. Por un lado, Rayados vive un cambio de idea futbolística bajo las órdenes de Matías Almeyda, cargando además con el golpe anímico de perder la Final de la Leagues Cup. Aunque no es excusa para un plantel armado hasta los dientes con elementos de ataque como Cuypers, Diego Rossi, Orbelin Pineda y Lucas Ocampos. Al equipo le costó pesar en el marcador y no encontró la portería rival.

Del otro lado, los de San Nicolás llegaron sin un rumbo claro, adaptándose por completo al estilo defensivo de Vucetich: armar una muralla atrás, cerrar las líneas de pase y apostar por un error del rival. La fórmula le funcionó a los felinos para rescatar un empate sin goles. A Tigres le importaba más no perder que arriesgar para ganar, y el plan le resultó.

Al final, los únicos que perdieron fueron los 51,017 aficionados que abarrotaron el inmueble. La respuesta general de la tribuna fue una lluvia de abucheos para ambos conjuntos, mientras que la frustración escaló hasta provocar pequeños conatos de bronca entre los propios aficionados de Rayados en las gradas.

Fue un Clásico sin sabor, de equipos jugando con miedo a perder y con un técnico tan querido como abucheado. Rayados y Tigres se marcharon con las manos vacías de emociones y con la urgencia de recuperar el rumbo si quieren llegar a la Liguilla.

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Daniel Rangel