DOMINGO, MAYO 19, 2019

El Clásico exige nivel

Lunes 13 de mayo de 2019

Tigres y Rayados otra vez se cruzan en el camino y como nunca antes en la historia del futbol local han coincidido tantas veces y en instancias decisivas. Uno de los dos será finalista de la Liga. Nada que sorprenda atendiendo a la tendencia de los últimos años.

Cuando una situación se repite con mucha frecuencia no es una cuestión de azar. Los dos equipos procuran estar siempre ahí y eso ya es estimulante desde lo mental y ventajoso desde lo deportivo. La superación y la constancia generan ganancias.

Lo que sí es casual, en este caso, es que el cuadro final de dos torneos diferentes, como ocurrió en la Concacaf y ahora en la Liguilla, en algún punto los conectó.

Es muy bueno que se den estos tipos de Clásicos tan seguidos porque dispara mucho en todos los sentidos. Incluso, desde el punto de vista emocional ofrece sensaciones interesantes. Llega muy rápido la oportunidad de revancha para saldar deudas que siempre hay de los dos lados.

Sin embargo, el nivel o la calidad del Clásico no supone ser el mejor. A Tigres y a Rayados no le ha sobrado absolutamente nada en la serie inicial de esta Liguilla. Futbolísticamente hasta se puso en duda (más en Tigres) si su raquítica expresión colectiva merecía tanto.

La tabla de posiciones, en ambos casos, oxigenó la clasificación. Es decir, los méritos que han hecho en la etapa regular del torneo los benefició ahora. Es cierto que eso también cuenta, pero hay que tener un poco de vergüenza y mucha autocrítica. Lo de Tigres, por ejemplo, sigue siendo muy malo.

Pero esto también habla del nivel de los rivales y de la competencia. Si con muy poco los dos regios han sorteado el primer filtro de la Liguilla, esto exhibe la pobreza por encima de las cualidades futbolísticas.

Tigres, un experto en jugar con la calculadora sin importarle las formas, sigue beneficiándose de los detalles, de los retazos de oportunismo que encuentra por el camino. No le interesa justificar nada. Solo le importa llegar, abrazándose a lo individual, a un destello, a Gignac, a Guzmán o a lo que sea con tal de cumplir con el mínimo requisito y avanzar.

Este fenómeno ha sido una constante con Ferretti, a quien jugar mal o bien no le provoca gastritis. La ambición de Tigres queda acotada a mezquindades que, incluso, ni cuando ha sido campeón logró convencer desde la pelota.

Lo de Rayados hoy parece estar más sujeto al empuje, al atropello, pero nada que lo haga más equipo. No hay que olvidarse de ese perfil conservador y asustadizo con el que viajó en gran parte del torneo.

En consecuencia, ni Tigres ni Rayados llegaron hasta aquí porque son los mejores, sino porque encontraron una manera de conseguirlo atado al humor de los partidos y a la gestión del resultado.

Igual, un Clásico puede activar otros componentes, pero de que el juego que traen es muy barato no hay forma de refutarlo.

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