LA LEY DE VIDA
Martes 26 de mayo de 2026
En México solemos ser tercos para muchas cosas. Política y futbol son temas que no van a la mesa, pero fuera de ella, no existe un acuerdo sobre ciertos jugadores, DTs o equipos. En ese apartado está Carlos Rodríguez, un dominante incomprendido.
El tema Selección lo dejaremos de lado un momento. Es incomprensible ver con más profundidad el juego de pelota y no observar lo incidente que es para el equipo. Con Cruz Azul fue de todo, porque actuó como mediocentro, en doble pivote, interior por izquierda, también por derecha, enganche, etc. Apenas se recargó por izquierda, comenzó a ser un factor a favor de los de Huiqui con pases tensos, correr más que otros y moverse con inteligencia según lo pedía la jugada.
¿Por qué hablar de un jugador del campeón? Además de ponerse esa etiqueta, por dos razones más. Los momentos fueron diferentes, pero qué bien le haría a Rayados contar con un intérprete como él. Luis Romo fue parte del intercambio y a pesar de haber recabado dinero por él, ya no está más en la institución, no cuenta con un medio que se desgaste como él y, además, que haya adquirido más facultades que con las que se fue.
Si Rayados se da de topes contra la pared por ver a su canterano levantar un título mientras la entidad regia tiene seis años sin poder hacer lo propio, en la visión global México debería adoptar en su cultura futbolística el entender a este tipo de jugadores. A la tribuna siempre le encantará el que gambetee, también el que corra toda la cancha y se barra para quitarle el esférico al contrario, pero pocas veces a un centrocampista de balón.
Lo más difícil es hacer las cosas fáciles y Charly hace exactamente eso. Se adapta, influye y encima, añadió a su repertorio lo que tanto le insistió Javier Aguirre: llegar a disparar al arco contrario. Sí, en el Tri no se le puede añadir un contexto favorable y debe imponerse a la adversidad, pero de eso a que no influya en nada como cientos de miles de personas lo quieren hacer ver (o no lo ven), es distinto. Admiren ahí al centrocampista por excelencia del futbol mexicano, distinto a un Marcel Ruiz y complementario a Álvaro Fidalgo o Gilberto Mora. Ignoró los pitos, los cambió por aplausos y levantó la copa hacia el cielo.
X: @quirino_galvan
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