DOMINGO 29 MARZO, 2020

Hubiera sido fantástico...

Martes 24 de marzo de 2020

Como dijo el poeta, "La Vida no es la misma sin futbol", una canción de fut-rock del talentoso regio, Jáuregui...

Y sí... no es la misma. 
La raza extraña esa ansiedad, ese cosquilleo en la panza de los sábados y mientras avanza el día, cuando las horas caminan y llega la de ponerse la camiseta para ir al estadio o verlo por TV y alentar al equipo favorito. 

De hecho, antes de coronavirus, yo ya estaba hace muchos años sin futbol. Sin jugarlo, digo, pero siempre soñando. Soñar que te estás poniendo las espinilleras, los tachones y las garras para ir a jugar es una sensación indescriptible que no te das cuenta, hasta que los años se te echaron encima y no puedes hacerlo más... 

Por alguna extraña razón, muchas veces lo he soñado y sentido que se me olvidó llevar o ponerme las vendas... raro.

Igual alguien lo entenderá, llegado el momento.

Por ahora, vivimos de recalentado. De comer refrito. De ver futbol de hace semanas o meses. De pronto, sin anestesia de por medio, te recetan un partido y resulta que ahí anda jugando Cristiano Ronaldo, todavía de blanco y aun sin rayas negras. 

Tuvieron mucho tiempo las televisoras para prepararse y generar contenidos que atrajeran a los fans futboleros. Yo le diría cómo, pero, naaaa.... que le batallen. 

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Hace muchos años me dijo el contador don Roberto Méndez, ex dirigente de Tigres y luego de Jabatos en Segunda División, cuando la franquicia estaba en poder de los hermanos Jaime y Manuel Rivero Santos, que quería traer al equipo a un chavo. No sé si lo había visto en Tapatío o por ahí, en un equipo de Segunda de aquel tiempo.

En ese Jabatos para ser un equipo de Segunda era bravo. Ahí jugaron chavos como Rito Luna, Chuy Villela, Poncho Rodríguez, Pepe Treviño, Ezequiel Gallifa, Víctor Martínez, el Zurdo Arturo Martínez, hermano de Víctor, Sammy Sandoval, Alfredo Avilés, la Chivita Jaime Rodríguez, Carlos González, Marco Aubry...

Algunos iban de salida y otros de entrada en ese plantel que dirigía Chava Carrillo, antes de convertirse en millonario transportando viajeros del aeropuerto con una enorme flota de vehículos. Dos de ese equipo que luego brillaron muy alto fueron Carlos Turrubiates, campeón en el León de Vuce, luego llegaría a Necaxa, Chivas y la Selección Nacional y Luis Hernández, a quien apodaban El Perro, antes de ser El Matador, que luego descollaría en varios equipos y es el máximo goleador del Tri en Copas del mundo. Nada menos. 

Decíamos... aquel chavo no pudo llegar a Jabatos por alguna causa, pero era un jugadorazo. No lo vi yo en ese momento, sino hasta que apareció en Atlas. 

Un tipo de esos que manejan muy bien el balón, con buen tranco, disparo, toque en corto y en largo y un aceptable cabeceo.

No pudo llegar tan lejos como su talento apuntaba debido a las lesiones, pero jugó en  forma destacada en dos o tres equipos y en Selección Nacional. Se llama Juan Carlos Chávez, le decían La Pájara, hoy es entrenador. Ya dirigió al Atlas y en este momento es asistente de Luis Alfonso Sosa,  excompañero de Juan Carlos en UdeG.

No pudo llegar a Jabatos, pero ahí quedó de manifiesto el buen ojo de don Roberto Méndez.

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Va de cuento...

Por esos tiempos, una mañana en la canchita de Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, estábamos viendo un entrenamiento de los verdes. Me dice Manuel Rivero:

- Oye, ¿cómo la llevas con Tomás Boy?

- Muy bien.

- Yo sé... ¿por qué no hacen un programa de radio?

- ¿Él y yo?... 

- Sí, invitas a Batocletti, a Gómez Junco... que tú dirijas y ellos te acompañen. Compramos el tiempo en radio... ¿cómo ves?

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Por alguna causa, la principal, que yo aún estaba en otro medio, no cristalizó aquello, aunque luego coincidimos en la misma casa editora con Osvaldo y Roberto.

Aquello no ocurrió...

Pero, seguramente hubiera sido fantástico...

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