JUEVES 23 SEPTIEMBRE, 2021

El Clásico lagrimea

Lunes 13 de septiembre de 2021

Tigres y Rayados llegan al Clásico con muchas urgencias a cuestas. Ninguno de los dos equipos tiene la suficiente autoridad moral para sentirse superior al otro. Futbolísticamente comparten las mismas miserias tácticas y regatean resultados.

Herrera y Aguirre tampoco pueden sostener argumentos creíbles. Las respuestas de sus dirigidos no coinciden con lo que los dos técnicos venden en sus discursos.

Pero también hay otra cuestión de fondo: ninguno de los dos entrenadores, con sus particulares estilos, tiene un perfil a tono con ese ADN que identifica a los equipos y, principalmente, a su gente.

Herrera valora “la actitud de los jugadores”, quizás lo más distintivo de un puñado de futbolistas que ataca con singular alegría, pero cuyos recorridos defensivos son extremadamente indecentes, propio de un cuadro amateur, plagado de puntos grises que lo exponen en cada ataque adversario.

Con una propuesta suicida así, las garantías se reducen a nada. El futuro de Tigres siempre es el partido siguiente, dependiendo del humor individual, de la suerte, del VAR o de lo que sea, menos, de un juego robustecido desde el criterio táctico.

Herrera hace cambios y modifica referencias. Improvisa y limita zonas determinantes. Lleva al equipo a un estado de estrés que queda evidenciado en las lagunas tácticas, en los vacíos colectivos y en el peso que debe soportar Guzmán ante los yerros estructurales.

Tigres está condenado a ganar como sea, no como se debe. Creer que los arrebatos es jugar bien, es autoengañarse. Su futbol está enfermo desde el origen del sistema: todo lo bueno o malo que surja a partir de esto, es pura casualidad.

Aguirre vive de corazonadas. Valora“el accionar de sus jugadores” y subraya "el partido digno” que siempre hace Rayados. Pero no gana.

La cuestión no es rescatar lo bueno, sino hacer una autocrítica de fondo, de lo mal que juega su equipo, de lo temeroso que se muestra para gobernar situaciones ventajosas.

Rayados juega por inercia. Es inofensivo, contranatural a la esencia original de un club que siempre impresionó desde sus goles.

Hoy hace uno y lo cuida como trofeo de guerra. Sucumbe y ya no se levanta. Juegue quien juegue. La dosificación es lo de menos porque su enfermedad futbolística no es circunstancial, sino general, más allá de los nombres propios.

Rayados juega como piensa Aguirre: “Lo único real en el futbol son los números, lo demás, de jugar bien, nadie se acuerda”, dijo la semana pasada. Toda una declaración que blanquea lo que se ve. O sea, ya no le pidan peras al olmo. Un plantel desperdiciado por el totalitarismo de una idea incompatible con el gen competitivo de los jugadores que posee.

En fin, un Clásico Regio siempre guarda condimentos especiales y no necesariamente será una consecuencia de lo que ambos equipos hoy padecen. No siempre es real, es cierto, porque un Clásico suele maquillar, pero lo que sí, es que Rayados y Tigres, deberían tener, mínimo, una cuota de piedad y ser un poco más serios a la altura de lo que tienen. 

Twitter: @Mario_Sanchez1

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